Articolo di Andrea Tornielli

Cerca de un pequeño pueblo de la región italiana de Toscana, llamado Chiusdino, hay dos lugares estupendos que hablan de la vida y del culto del primer santo católico de quien existe un proceso de canonización escrito y documentado: se trata de San Galgano, que vivió entre los años 1148 y 1181, y fue canonizado por el papa Lucio III cuatro años después de su muerte. Hablamos de este caso, porque es muy representativo de la manera “moderna” de entender la vida de los santos y los hechos históricos que nos transmiten la experiencia de la fe, y porque representa muy bien aquella tendencia racionalista (tal vez expresada también en el ambiente eclesiástico) de creer que todo son “mitos” y “leyendas”.Este santo, Galgano Guidotti, después de una juventud muy libertina que fue muy similar a la de otro santo casi contemporáneo, Francisco de Asís, se convirtió y se dio cuenta de que no tenía una razón de vivir. Decidió dar un cambio radical a su existencia y vivir en soledad como eremita, en contacto con Dios y la naturaleza. Para significar esta importante renuncia, Galgano plantó su espada de caballero en una gran piedra que estaba en su humilde casa y continuó venerándola como a una cruz.Después de su muerte y de su rápida canonización, en el lugar donde el santo vivía y donde estaba la espada plantada se ha construido una iglesia estupenda de forma circular, que se inspira en la de Castel San Ángel de Roma. Este antiquísimo edificio aún está perfectamente conservado y en el centro de la iglesia se puede mirar la espada de Galgano plantada en la piedra.

Para incrementar la devoción por el santo, cerca de este lugar los frailes cistercenses construyeron una gran abadía, lindísimo ejemplo de arquitectura gótica, que funcionó hasta 1789, cuando el techo fue destruido y desde aquel año hasta hoy sigue siendo una grandísima iglesia antigua a cielo abierto, con todos sus muros, columnas y ventanas, pero sin bóveda.

La historia de Galgano está muy documentada en cartas de su época, el proceso canónico está documentado por escrito, la espada plantada en la piedra – que fue estudiada por especialistas – es de la época medieval. Entonces no hay duda sobre la historicidad de la figura del santo y del hecho de la espada. Lo que pasa es que esta historia tiene semejanzas con otra que es legendaria: la del rey Arturo y de los caballeros de la Mesa Rotonda, una saga nórdica bretona. También en ese caso se habla de una espada plantada en la piedra y llamada “Excalibur” que el joven rey puede llevar desde su sitio. Esta leyenda tiene semejanza con otras fábulas esotéricas y mágicas.

Así, en los últimos años personas que no tienen competencia histórica, y especialistas de magia, han publicado muchísimos libros sobre San Galgano y su espada, diciendo que su historia es mítica y mágica y considerando un lugar “mágico” también la espectacular iglesia sin techo.

Esoteristas, expertos en “teosofía”, en la interpretación de las estrellas, siempre más numerosos, acuden a este pueblo y convierten un limpio culto cristiano a un santo bien conocido, en una leyenda “mítica”, como lo denuncia hoy – con fuerza – el profesor Andrea Conti, que es el prior de la compañía de San Galgano.

Este es un ejemplo muy claro de cómo una cierta mentalidad moderna que no tiene más fe, termina creyéndolo todo y convirtiendo hechos históricos documentadísimos en leyenda. (Notimex).

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